¿Conoces a los líderes que supieron adaptarse al futuro?

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Los cambios siempre han formado parte del mundo empresarial. En la capacidad del líder para poder identificar estos avances y saber adaptarse esta la clave de la transformación.

Adaptarse a las nuevas tendencias y realidades, mediante una estrategia que conduzca a la transformación y a la innovación, replanteando, además, los valores y objetivos de la organización para hacerla más competitiva en su área de negocio, son objetivos que un directivo de empresa debe plantearse cuanto antes si quiere realmente que su compañía permanezca activa en un mundo que evoluciona a una velocidad cada vez mayor.

Sin embargo, cambiar no es fácil: el líder que asume la responsabilidad del proceso de cambio dentro de una corporación debe hacer un análisis de su entorno laboral, medir la capacidad de las personas que están a su cargo, determinar que estructuras y procesos facilitan o entorpecen el desarrollo de los parámetros de gestión renovadores.

Es aquí donde empiezan a tomarse las decisiones drásticas e impopulares que le han hecho ganar varios detractores a líderes de empresa como los que mencionaremos a continuación, quienes, en determinadas circunstancias, debieron afrontar las consecuencias de sus resoluciones de inmediato, pero cuyos resultados a mediano y largo plazo les dieron la razón, así como también, una legión de seguidores que admira y casi venera su legado.

Jack Welch: el ingeniero que puso a GE en la cima

John Francis Welch, "Jack", para sus amigos y admiradores, es un ingeniero químico, nacido en Massachusetts, que entró a formar parte del staff de General Electric en 1960 y, 21 años después, se posicionó como CEO de la organización. A partir de ahí, pudo desarrollar una auténtica gestión de cambio, mediante decisiones que no dejaron a nadie indiferente y que fueron percibidas como revolucionarias en su momento.

Enemigo a muerte de la burocracia excesiva, Jack comenzó por prescindir de los cargos innecesarios que, a su juicio, no hacen más que dificultar el trabajo de las personas eficientes. Además, implementó una bonificación del 20% al personal más productivo y resolvió despedir al 10% de los mánagers menos comprometidos con los objetivos de la empresa  y que aportaron menos resultados.

Asimismo, durante sus dos décadas como Director, apoyó las iniciativas de innovación en procesos y nuevos productos e inversiones que permitieron una muy rentable diversificación de la multinacional. Todas estas acciones quintuplicaron las ventas de General Electric, posicionándola entre las compañías más poderosas del mundo y, por otro lado, le valieron a Welch ser considerado por la prestigiosa revista Fortune como el Mánager del Siglo XX, en 1999.

Jack Welch, quien actualmente es asesor y autor de exitosos libros sobre gestión y liderazgo empresarial, cree firmemente en la comunicación como herramienta para la motivación del talento humano, mediante la cual debe fomentarse la participación de éste en la toma de decisiones trascendentales para la organización. En su opinión, el líder que se cree el más inteligente de su grupo de trabajo tiene serios problemas.

El gesto incomprensible que catapultó a Samsung

Puede que Lee Kun-Hee no sea considerado por muchos como el mejor ejemplo de líder: su gestión al frente de la surcoreana Samsung se ha visto afectada por escándalos de corrupción que comprometen al gobierno de su nación.

Para ser breves, Samsung inició sus operaciones en 1938 como una modesta compañía familiar dedicada al transporte y venta de pescados, verduras y frutas; con el tiempo, se expandió a otros ramos muy diversos, entre los que se cuentan la electrónica y los equipos electrodomésticos.

Lee Kun-Hee, tercer hijo de Lee Byung-Chul (fundador de Samsung), economista graduado en la Universidad de Waseda en Japón y con Máster en Administración de Empresas en la George Washington University (EE.UU.), asumió la dirección de la corporación tras el fallecimiento de su padre en 1987. En 1992, la división electrónica fabricó sus primeros teléfonos móviles que precedieron a los futuros smartphones. Pero, en 1995, después de regalar móviles de su línea como incentivo de fin de año a sus trabajadores, supo que tales productos generaron comentarios negativos y burlas por su mala calidad.

La reacción de Lee fue extrema: ordenó detener las operaciones de la planta y destruir por completo los productos terminados: televisores, faxes, teléfonos y más. Con este gesto, el directivo quiso dejar bien claro a sus colaboradores que, desde ese momento, Samsung dejaba de elaborar productos mediocres y que todos los integrantes del grupo de trabajo debían sumarse al propósito de hacer equipos que lideraran el mercado gracias a su innovación y gran calidad.

Aunque la gestión de Lee está en el ocaso debido a sus problemas de salud, Samsung se erige hoy en día como una de las diez marcas más sólidas del mercado. Los modelos de su línea de smartphones Samsung Galaxy son los más vendidos en el mundo. Blindada en su condición de corporación multidisciplinaria, fabrica casi todos los componentes de sus equipos (microprocesadores, memorias, pantallas, etc.) y tiene el privilegio de proveer estas partes a sus competidores, incluso a la mismísima Apple. Sus electrodomésticos más recientes ya cuentan con elementos de Inteligencia artificial e Internet de las cosas, entre tantos otros adelantos.

La constante búsqueda de la excelencia por parte de Samsung se confirma con su nueva tendencia de no esforzarse por presentar primero un producto innovador, sino por perfeccionarlo y esperar el momento adecuado para su lanzamiento.

Steve Jobs: el retorno del Jedi

En 1997, Steve Jobs regresó a Apple, la compañía que cofundó y de la que había sido despedido doce años antes. Al comprar NeXT -la startup independiente creada por Jobs para desarrollar un sistema operativo- la corporación de la manzana mordida aceptó la vuelta de su ejecutivo estrella, quien asumió el papel de CEO en el 2000; aunque, desde antes ya estuvo abocado al rescate de la empresa que no paraba de registrar pérdidas. En ese momento, Apple, además de ordenadores personales, contaba en su cartera con otros productos como impresoras, cámaras digitales, PDAs y hasta una videoconsola.

La primera decisión de Jobs fue concentrar los esfuerzos en aquello que la compañía hacía mejor, los ordenadores, y desechar las demás líneas. Así, en 1998, fue lanzada la primera versión del iMac, un equipo que resumía la obsesión de Jobs por los detalles y el diseño vanguardistas y que llegó a considerarse como una innovación digital disruptiva.

Pero Steve también tuvo sus momentos de resistencia al cambio: se oponía a permitir la descarga de apps externas en los iPhones por temor al hackeo y a la contaminación con virus informáticos. Finalmente, fue convencido de admitir dichos softwares, dando lugar al establecimiento del App Store.

El resto es historia: antes de morir en 2011, Steve Jobs logró restablecer el esplendor de Apple con la consolidación de su sistema operativo propio, MacOs, el lanzamiento de su línea iPhone y dispositivos como iPad, iBook, iNote, iPod y de la plataforma iTunes, entre otros logros.

Como dijimos líneas arriba, estos líderes fueron odiados y amados en su momento, pero, sin duda, dejaron una huella indeleble por asumir con valentía los cambios necesarios para mantener a sus empresas en las primeras posiciones de sus segmentos de mercado.

 

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