Líderes que potencian la motivación de sus empleados

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El ejercicio del buen liderazgo supone en cierto modo la aplicación –consciente o no- de algunos fundamentos sobre la conducta humana planteados por la Psicología.

Lo cierto es que la experiencia ha dado ejemplos de líderes que han logrado influir positivamente en el estado de ánimo, la voluntad y las acciones de cada persona que integra su grupo de trabajo dentro de una empresa, motivándolos a demostrar su capacidad e incrementar su esfuerzo y rendimiento al momento de asumir sus tareas, además de elevar su compromiso en el logro de las metas corporativas; al mismo tiempo que se preocupan por las necesidades particulares de sus colaboradores y promueven para ellos la recompensa y el reconocimiento oportunos con la finalidad de mejorar sus condiciones laborales y de vida.

A decir verdad, una persona no requiere ser un iluminado o un extraterrestre para tener estas habilidades; sólo se necesita ser más humano y tener disposición para desarrollar la empatía y la asertividad, además -¿por qué no?- de adquirir e internalizar algunos principios de Psicología, pero no con el fin de manipular a los colaboradores, sino para saber comprenderlos y apoyarles sinceramente. En nuestro post Estrategias para motivar a los equipos de forma eficaz, hemos tratado algunas de estas condiciones del liderazgo. Pero en el presente artículo abordaremos de forma práctica acciones que pueden resultar efectivas para motivar al grupo de trabajo y que implican de alguna manera una automotivación del propio líder.

El factor riesgo

Sin riesgo no hay emoción y a falta de éste todo se enfría. Quizás uno de los factores más influyentes en el declive del rendimiento y del esfuerzo es la ausencia de nuevos retos. Como directivo de una empresa, el líder es el primero que debe darse cuenta del momento en que la empresa empieza a caer en la espiral de la rutina y actuar en consecuencia. Hay que tener voluntad para salir de la zona de confort y explorar la posibilidad de asumir nuevos proyectos que impliquen desafíos tanto para el directivo como para los miembros de su equipo de trabajo.

Al asumir nuevos propósitos e involucrar a sus colaboradores en los mismos, el líder propicia un cambio notable en el ambiente laboral. Más aún, si delega responsabilidades inherentes a estos proyectos entre sus colaboradores, estos cambiarán la conducta conformista por una proactiva para demostrar su capacidad en la ejecución de las nuevas tareas y en el cumplimiento de las metas.

¡Comunicación a tope!

Una de las condiciones más esenciales de un líder es la capacidad de comunicación con sus colaboradores. En este punto se debe insistir nuevamente en el desarrollo de habilidades como la asertividad, la empatía y la inteligencia emocional.

Un líder asertivo es capaz de transmitir a los integrantes de su grupo de trabajo la asignación de las tareas y las metas corporativas que se esperan cumplir con las mismas en forma clara y respetuosa. Al captar los objetivos específicos de manera transparente, los colaboradores son más capaces de organizar sus acciones por prioridades y de ejecutarlas con mayor eficiencia y motivación.

La empatía es imprescindible para comprender las necesidades, circunstancias e inquietudes de cada trabajador a fin de canalizarlas debidamente y procurar las mejoras en sus condiciones de trabajo mediante la recompensa y el reconocimiento apropiados. Un líder empático y comunicativo también es capaz de identificar el potencial de cada integrante de su talento humano y sus requerimientos de capacitación. En este sentido, coordina y establece programas de formación ajustados a las expectativas de desarrollo profesional de sus trabajadores.

Tanto las situaciones de desmotivación como los conflictos entre los colaboradores son situaciones que pueden presentarse en una empresa. En estos casos, un líder que aplica los fundamentos de la inteligencia emocional actúa como un catalizador que no busca negar ni reprimir los sentimientos propios y los de su talento humano, sino más bien encauzarlos a reacciones más positivas que faciliten la búsqueda del entendimiento y el establecimiento de acuerdos para restaurar la armonía y la productividad. Para ampliar información sobre este tema tan esencial, recomendamos leer nuestro artículo La inteligencia emocional y su aplicación en el mundo de la empresa.

Saber delegar

Líneas arriba se subrayó la importancia de delegar tareas relacionadas con nuevos proyectos entre los colaboradores como una herramienta de motivación para el equipo de trabajo. Sin embargo, esta habilidad también es indispensable para que el mismo directivo pueda cumplir con las responsabilidades que le corresponden de manera más eficiente.

La confianza en los integrantes de su equipo también funciona como un estímulo para el mismo líder, permitiéndole del mismo modo organizar sus prioridades y ejecutar sus tareas sin la presión de asumir más acciones de las necesarias.

Crear equipos de trabajo

Cuando las condiciones y el tamaño de la empresa así lo requieran, el directivo puede fomentar la creación de grupos de trabajo con sus líderes para la asignación de tareas específicas. Además de estimular una sana competencia interna que incrementa el rendimiento del talento humano, también anima el establecimiento de una sinergia entre los teams que canalice todo esfuerzo tendiente al logro de metas en el menor tiempo posible.

Los equipos de trabajo son entornos ideales para el desarrollo de dinámicas como las brainstorming sessions (tormentas de ideas) y la cooperación online vía chat o mediante redes sociales, en el caso de compañías con colaboradores a distancia. Los work teams también promueven la comunicación entre los trabajadores, mejorando las condiciones de trabajo; también estimulan el autoconocimiento y la creatividad individual.

¿Ocio productivo?

No es necesario saber mucho de psicología para entender que el estrés es uno de los principales factores desencadenantes de la desmotivación entre el talento humano. Cuando se oye hablar de empresas súper productivas como Google, Apple o Pixar, cuesta creer que en las mismas hay espacios con futbolines, canchas de baloncesto y toboganes para el esparcimiento de los colaboradores. Muchas de ellas, también establecen horarios flexibles para sus trabajadores. El estilo de gestión conocido como Management 3.0, aplicado en estas corporaciones, tiene entre sus premisas estimular el rendimiento del personal mediante la reducción de todos los factores que le causen presión y sobrecarga.

En un estado de relajación bien entendido, el colaborador es mucho más creativo y productivo, además de sentirse más motivado a cumplir con sus tareas y a contribuir al logro de las metas corporativas.

Asumir estas acciones sugeridas no debería resultar traumático para un directivo con la voluntad de consolidar un equipo de trabajo motivado, coherente y productivo. Sólo es cuestión de confrontar estos conceptos con los criterios anticuados de liderazgo que aún subsisten en muchas empresas y decidir cuál puede resultar más productivo.

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