El éxito del líder se encuentra en la cohesión de su equipo

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En síntesis, puede decirse que un buen líder es aquel que logra engranar los esfuerzos de todos los miembros de su grupo de trabajo, para obtener una alta productividad y el cumplimiento cabal de cada objetivo planteado por la organización en la que ejerce sus funciones. 

El éxito de la gestión del directivo depende del despliegue de capacidades puntuales para influir positivamente en la actitud de todos los implicados: asertividad en la comunicación de las metas de la organización y en la asignación de tareas; coherencia  en la estrategia de motivación al personal; observación aguda del entorno laboral para detectar a tiempo situaciones irregulares, antes que se conviertan en grandes problemas; inteligencia emocional, empatía y carácter para resolver conflictos; así como objetividad y responsabilidad en la toma de decisiones dirigidas a mejorar el desempeño de sus colaboradores. Todos estos atributos del liderazgo son claves para fortalecer la cohesión de los grupos de tareas dentro de las empresas.

Signos inequívocos de la falta de cohesión en el equipo

Nos detendremos en la observación aguda del entorno, una de las habilidades planteadas líneas arriba. Y es que el líder debe estar atento a cualquier incidencia que pueda afectar a posteriori la productividad y el normal desarrollo de la colaboración mutua en el avance de los procesos. A continuación, abordaremos algunas situaciones irregulares que, al detectarse, deben ser afrontadas por el directivo con una estrategia definida.

  • Disfunción comunicacional. En la interacción entre individuos que se agrupan para lograr un fin común, es normal que surjan desacuerdos, desconfianza y fricciones. Entre las funciones del líder está garantizar la armonía del trabajo en equipo. Por eso es importante tomar en cuenta hasta la más mínima manifestación de tales actitudes y mediar o corregir para solucionar el conflicto de acuerdo a su origen: si es de carácter personal, discriminatorio (étnico, religioso, político, etc.), por celos profesionales, temor a expresar sugerencias u opiniones divergentes e, incluso, por falta de asertividad del propio directivo al no definir claramente la conformación de los grupos de tareas y la interacción que debe haber entre estos.

    Tales anomalías pueden considerarse disfunciones comunicacionales porque afectan directamente la imprescindible retroalimentación de información entre los miembros y, por ende, a la efectividad del trabajo en equipo y la productividad.

  • Falta de motivación y de compromiso. Un solo integrante del equipo que manifieste esta actitud debe ser suficiente para encender las alarmas: si un comportamiento puede contagiarse y hacerse endémico entre los grupos de trabajo, ése es la desmotivación; por eso, el líder debe encararlo y aplicar los correctivos pertinentes sin temores ni dudas.

    La falta de motivación crea desaliento, incertidumbre, y desconfianza entre los miembros del equipo, lo que genera problemas en el desempeño e inestabilidad del clima laboral. Por algún motivo el trabajador siente que la compañía le está fallando y no se siente animado a comprometerse y a dar lo mejor de sí, lo que deteriora la cohesión del colectivo.

  • Evasión de la responsabilidad. Este comportamiento puede derivar de cualquiera de los dos aspectos anteriores o de ambos y surge de algún error o contratiempo en el proceso productivo que ocasiona pérdidas a la organización. Este tipo de situaciones precisa de un análisis imparcial, porque bien puede originarse en la actitud del propio del trabajador, en un error del liderazgo o en la selección y gestión del talento humano.

  • Poco interés en los resultados. El cumplimiento de las metas debe tener, idealmente, un efecto motivador entre los involucrados en el funcionamiento de la empresa, desde el líder hasta el último de los colaboradores. Es lógico que el directivo tenga razones para analizar los resultados, pero estos también deben importar y tener un sentido para el trabajador, de lo contrario se verá actuando como un autómata, sin un sentido de integración al equipo.

¿Cómo debe asumir el liderazgo estos errores para mantener la cohesión del equipo?

  • Comunicación, atención, empatía e inteligencia emocional. Uno de los recursos esenciales del líder es la comunicación asertiva, cercana y constante con los miembros de su equipo de trabajo. Esta habilidad, junto a la atención consciente, la empatía y la inteligencia emocional, permiten al directivo detectar actitudes negativas en el desempeño de sus colaboradores y actuar de inmediato -directamente con los involucrados- las eventuales desavenencias que surjan en la relación laboral y lograr un acuerdo en beneficio de la convivencia y la productividad.

    Debemos reiterar la importancia de la asertividad en la información de los objetivos, la asignación de las responsabilidades y  la conformación de los grupos de tareas, incluyendo cómo deben interactuar estos entre sí para garantizar el éxito del trabajo en equipo.

  • Un programa coherente y holístico de motivación. Como ya hemos tratado en profundidad este tema, sólo recordaremos que los incentivos a los colaboradores no deben limitarse a lo económico, sino que también deben abarcar la conciliación laboral, la capacitación continua y las oportunidades de desarrollo, así como la participación de todos los integrantes del grupo de trabajo en la toma de decisiones de la organización y la consideración de sus opiniones y sugerencias. Esto último reforzará su sentido de pertenencia y le hará sentirse tomado en cuenta.

  • Una gestión del talento centrada en las competencias. De esto también hablamos anteriormente, pero es pertinente subrayar que este modelo de gestión de los recursos humanos es útil para identificar las capacidades, aptitudes y actitudes de cada aspirante interesado en formar parte de la compañía, lo que permitirá asignarlo al cargo más adecuado. Asimismo, determina la posibilidad de asignarle eventualmente responsabilidades más exigentes. De esta manera se blindará su compromiso con los objetivos de la empresa y su interés por los resultados; además, se evitará la evasión de obligaciones.

  • Promover dinámicas de integración que fortalezcan las relaciones entre los miembros del equipo más allá del plano laboral, reduzcan las tensiones del trabajo diario y eliminen cualquier manifestación de discriminación.

Todos estos aspectos son claves para mantener la cohesión del equipo, en beneficio de la convivencia, la productividad y el logro de objetivos. ¿Te animas a ponerlos en práctica dentro de tu empresa?

 

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