Los errores más comunes en el ejercicio del liderazgo

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Errar es humano y los líderes no están exentos de esta condición. Dirigir grupos de trabajo implica afrontar una serie de circunstancias no siempre favorables que ponen a prueba la capacidad del gerente para organizar las tareas, tomar las decisiones correctas y mantener motivado a los integrantes del grupo de trabajo. De modo que conocer los fundamentos teóricos del liderazgo no garantiza por completo su aplicación en la práctica.

En este sentido, se expondrán a continuación una serie de errores muy comunes en el ejercicio del liderazgo que los managers y directivos deben tomar en consideración para prevenirlos o corregirlos de inmediato.

1. Desorganización

El líder debe ser asertivo al comunicarse con su equipo de trabajo para establecer los objetivos, priorizar las tareas en el orden correcto y asignar éstas a los colaboradores adecuados.

De acuerdo con esto, un director debe ser capaz de organizar su agenda de trabajo por sí mismo y no esperar a que otro lo haga. Es él quien debe establecer las prioridades, para cumplir primero con lo importante y luego con lo urgente; de lo contrario, se altera el esquema de labores y se crea confusión e ineficiencia dentro del equipo. En este sentido, debe hacerse énfasis en un management por objetivos y no por emergencias.

2. Carencia de creatividad e innovación

El director de un grupo de trabajo debe ser creativo e innovar constantemente; ser capaz de adaptarse a las circunstancias; de improvisar y reinventarse. Estas condiciones son esenciales en el liderazgo contemporáneo y forman parte del perfil del gerente en el actual contexto corporativo caracterizado por la competitividad y la globalización. Apelar frecuentemente al manual ante cualquier dificultad revela inseguridad y falta de idoneidad para asumir el cargo.

3. Lentitud en la toma de decisiones

Se necesita rapidez para corregir los problemas que se presentan en los procesos de producción. Retarasar la toma de decisiones puede provocar que la situación se salga de control y perjudique a la empresa y a los trabajadores. Es obvio que cada problema o inconveniente necesita un tiempo prudencial para que el líder se documente debidamente con el fin de tomar la mejor decisión; pero ese lapso de tiempo no debe ser prolongado.

4. No hacer comentarios

Un líder auténtico asume la comunicación como una de sus herramientas fundamentales. Por esa razón habla constantemente con los integrantes del grupo de trabajo, para reconocer su labor cuando lo están haciendo bien o para advertirlos sin intimidarlos, si observa una situación irregular. Por el contrario, la falta de comentarios connota indiferencia y provoca apatía en el entorno laboral.

Al generar retroalimentación entre él y los colaboradores, el manager estimula mejoras en el desempeño del equipo; independientemente de la estrategias de motivación que se lleven a cabo mediante la gestión del talento humano.

5. No delegar

No es propio de un líder pretender que nadie puede hacer el trabajo mejor que él. Quien no delega no puede considerarse líder. Es obvio que se debe tener la seguridad para asignar tareas de alta responsabilidad a las personas adecuadas; pero, para crear esa confianza es importante atreverse a delegar funciones.

6. Ignorar las circunstancias personales de los integrantes del grupo de trabajo

Esta es una actitud que no se corresponde con el liderazgo contemporáneo. Un líder debe conocer bien a cada colaborador de su equipo y saber que cualquier situación que le afecte influye de manera negativa en su desempeño. Comprender y facilitar en lo posible que el trabajador solucione problemas puntuales, sin afectar la productividad de la empresa, forma parte de las habilidades del gerente.

Muchos entornos laborales enfrentan en la actualidad la incorporación de personas pertenecientes a generaciones, nacionalidades y grupos culturales muy diversos y esto exige una gran capacidad de empatía. Pero tal consideración no implica tolerar malos comportamientos, distracciones e impuntualidad reiterada.

7. No ayudar a mejorar las condiciones laborales ni la calidad de vida del equipo

Un líder debe asumir las reivindicaciones de sus colaboradores, sea en la condición de manager de departamento o de directivo de la organización. Si no lo hace, otro integrante del equipo se encargará de eso, lo que deviene en la pérdida de autoridad del líder y en el debilitamiento del sentido de pertenencia de los trabajadores.

8. Ignorar al resto de los departamentos y enfocarse sólo en dirigir el suyo

Esta práctica revela indiferencia y falta de sentido de colaboración de parte de algunos gerentes. El líder debe tener en cuenta todos los procesos que se ejecutan en su entorno laboral y estar dispuesto a cooperar con otros departamentos cuando sea necesario, ya que cualquier falla en uno de ellos afecta la productividad global de la empresa.

9. Ser inaccesible

Un líder dedica tiempo para escuchar las sugerencias e inquietudes de sus colaboradores con empatía. De esta manera les demuestra que son tomados en cuenta y que hay interés real en su situación.

10. Corrupción y deslealtad

Actitudes como aceptar sobornos no sólo afectan la economía de la empresa: también deterioran la autoridad del gerente. Si los colaboradores se enteran de estas situaciones y las asumen como normales, la corrupción puede convertirse en un mal endémico dentro de la organización. Un buen líder coloca la ética en su trabajo por encima de su beneficio personal.

11. Falta de humildad y sobriedad

En las tendencias actuales de liderazgo la humildad es considerada una cualidad y no una debilidad. Las actitudes de ostentación y pretensión de superioridad que se traducen en tratos inadecuados al personal y en incomodidad dentro del ambiente laboral, deben ser desestimadas y erradicadas si realmente existe el propósito de crear entornos propicios al trabajo en equipo.

12. No dar ejemplo

Un líder debe ser un modelo a seguir para sus colaboradores; por lo tanto, debe actuar y comportarse de la misma forma que quiera que su equipo lo haga. Por ejemplo: si exige puntualidad, debe ser el primero en llegar al puesto de trabajo; si hay que trabajar horas extra, debe permanecer junto a sus compañeros para ayudarlos e infundirles ánimo. Un director que no cumpla con este perfil, sólo es un jefe sin moral para exigir y que provoca el rechazo en su grupo de trabajo.

Para finalizar, es conveniente que los directores de equipos de trabajo se tomen el tiempo necesario para reflexionar sobre su práctica diaria e identificar actitudes y decisiones que ameriten una revisión objetiva con la finalidad de mejorarlas o evitarlas a futuro. Un líder auténtico es lo suficientemente honesto para reconocer sus equivocaciones y lo suficientemente inteligente para aprender de ellos y superarlos.

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