El emprendimiento, el gran motor de la nueva economía

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A finales de la última década del siglo XX, el apoyo a las pequeñas y medianas empresas no pasaba de algunas medidas oficiales para garantizar su permanencia. Realmente no eran consideradas decisivas como impulsoras del crecimiento económico ni del incremento del empleo; un rol que parecía reservado a las corporaciones con mayor capital y superiores en productividad y competitividad. De esta manera funcionaba la llamada “economía administrada”, con unas pymes que se conformaban con su modesta participación en el mercado y las grandes firmas que mantenían su estatus sin mayor preocupación.

Todo esto comenzó a cambiar en los primeros años del tercer milenio: el vertiginoso desarrollo de las tecnologías informáticas y de comunicación, con el Internet como protagonista, colocó al conocimiento como un serio competidor frente al capital en términos de productividad. Cuando las iniciativas empresariales innovadoras tomaron este conocimiento para transformarlo en productos y servicios tangibles, generadores de valor y con un mercado asegurado, surgió la “nueva economía” y, desde entonces, el emprendimiento cobró mayor relevancia como fuente de crecimiento económico.

Compartir el conocimiento es el mejor negocio

En los años siguientes, esta nueva realidad desató una serie de fenómenos interesantes. Por ejemplo, algunos países asimilaron el cambio y procuraron establecer redes que permitieran el flujo del conocimiento entre las universidades, las instituciones dedicadas a la investigación y, por supuesto, las empresas, con el objetivo de inculcar en sus ciudadanos una cultura del emprendimiento y conformar ecosistemas con nuevos conceptos de negocios como protagonistas.

En este aspecto cabe hacer mención de casos como la Xunta de Galicia que conjuntamente con el Consorcio Zona Franca de Vigo ha establecido una incubadora de startups que ha permitido el desarrollo de proyectos en el ámbito de esta comunidad autónoma española. En América Latina destaca el ejemplo de Chile, donde el Estado y la empresa privada han impulsado iniciativas similares, lo que le permitió convertirse en la nación con más emprendimientos auspiciados en la región.

Por otro lado, grandes empresas convencionales de diversas especialidades y hasta gremios industriales han visto en el surgimiento de las startups no una amenaza, sino una oportunidad para intercambiar experiencias y conocimientos e incluso la posibilidad de crear productos y servicios innovadores. De allí que muchas firmas reconocidas hayan coincidido en participar y hasta en crear incubadoras, aceleradoras y venture builders para apoyar este tipo de emprendimientos.

Los ejemplos son numerosos y exitosos. Sólo como referencia podrían nombrarse casos como Hub:Raum, la aceleradora de Deutsche Telekom, con campus en Berlín y Cracovia, que ha creado oportunidades comerciales entre las startups incubadas y las unidades de negocio de Deutsche Telekom, en áreas específicas como: inteligencia artificial, hogares inteligentes, Internet de las cosas, movilidad conectada, sistemas cloud B2B y big data, entre otras.

También es interesante la experiencia de Le Hub, una plataforma perteneciente al banco de inversión pública BPI France que permite la conexión entre reconocidas corporaciones francesas y startups, con el objetivo de apoyar la innovación mediante una fusión de las nuevas propuestas de negocios con la experiencia de las corporaciones tradicionales.

En España destacan Wayra, la aceleradora de Telefónica Movistar que forma parte de su programa de innovación abierta Telefónica Open Future y BS Startup del Banco Sabadell.

Oportunidades en el universo de los nuevos emprendimientos

Los expertos en el tema de la nueva economía insisten en señalar que las oportunidades rentables de desarrollo para las nuevas iniciativas y startups son casi infinitas y muchas de ellas tienen que ver con proyectos enfocados en la sostenibilidad. Algunas de ellas serán consideradas a continuación:

  • Desarrollo de softwares y tecnología para la sostenibilidad. Esta tendencia implica la creación de soporte tecnológico aplicado a diferentes procesos industriales. Por ejemplo, está pendiente el desarrollo de softwares de clasificación de plásticos para su inmediato reciclaje, ya que se trata de un material muy utilizado pero que tarda demasiado en biodegradarse.

  • Soluciones 4.0, robótica, inteligencia artificial e Internet de las cosas, entre otras. A pesar de los extraordinarios adelantos que se han dado en este campo, aún hay mucho por hacer en lo que se refiere a herramientas que optimicen los procesos en las cadenas de suministros, generen ahorro de materias primas y mejoren el manejo de residuos; también al desarrollo de dispositivos que faciliten la logística; todo ello aplicado a la producción de gran diversidad de productos.

  • Concienciación del consumidor mediante marketing online. ¡Sí! Agencias de marketing que desarrollen contenidos dirigidos a crear conciencia sobre el consumo sostenible y el reciclaje. La potenciación de las características sostenibles de los productos y servicios que se promocionan y venderlos como una experiencia valiosa para el usuario, aumentan las posibilidades de éxito en materia de rentabilidad y contribuyen, además a extender entre el público la cultura ecológica.

  • Desarrollo de aplicaciones para emprendimientos de economía compartida. Aunque no representen algo novedoso, las oportunidades en los sectores de economía compartida como el alquiler de espacios para el turismo, transporte compartido y prolongación de la vida útil de ciertos productos, son mercados incipientes e inexplorados en muchas naciones. Pero aún en las que ya se han desarrollado estas empresas, basadas en aplicaciones disponibles en Internet, la posibilidad de incrementar la competencia mediante características más sofisticadas sigue interesando a muchos emprendedores.

Características del nuevo emprendedor

Thomas Friedman, reputado futurólogo y ganador del Premio Pulitzer, destaca tres características del nuevo emprendedor de cara al éxito de sus emprendimientos:

  • En primer lugar, descarta los horarios limitados y su propio plan de jubilación, porque en esta economía emergente se valoran más las capacidades de automotivación, determinación y persistencia, así como la voluntad de convertirse en “un aprendiz de por vida”.

  • La impaciencia es ahora una virtud y no un defecto. Las herramientas tecnológicas como el big data, la inteligencia artificial y el Internet de las cosas facilitan la toma de decisiones inmediatas ante cualquier cambio en la preferencia de los consumidores y en las tendencias del mercado. El emprendedor contemporáneo no posterga ninguna acción que le permita mantenerse actualizado y en la vanguardia en cuanto al movimiento de los negocios.

  • Desarrolla la habilidad de escoger a sus aliados. En el ambiente de las startups las alianzas para crear ecosistemas de emprendimiento son comunes y suelen reunir a iniciativas y empresas muy diversas. El emprendedor debe estar atento a la coherencia entre los objetivos de todos los participantes, para el logro de beneficios comunes y razonables.

Los emprendedores, finaliza Friedman, deben adquirir habilidades, experiencia y mentalidad para liderar la construcción de la comunidad del futuro y, además, para enseñar a los demás a hacerlo también.

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